ARREIT, EL PLANETA COLORIDO
Marisol Muñoz-Kiehne, PhD (“Doctora Marisol”)
Apenas el otro día, en un rincón del gran universo, nació un planeta nuevo, vibrante y colorido. Las fuerzas creadoras nombraron a este planeta Arreit.
Arreit tenía un sol brillante color naranja, y hermosos cielos azules reflejados en vastos océanos y lagos. Tenía húmedas selvas verdes y secos desiertos amarillos. Las cumbres de las montañas elevadas estaban cubiertas de nieve y hielo fríos. Los valles yacían bajos y cálidos. Y entre ellos se extendían lomas en todos los tonos de índigo y violeta.
El suelo de Arreit producía rocas y piedras preciosas, plantas y árboles, frutas, verduras y flores de todo color imaginable. Criaturas multicolores volaban los cielos, nadaban las aguas, y caminaban las tierras. La gente de Arreit era de distintos colores también. Todos los seres disfrutaban su pintoresco planeta, y eran felices.
Hasta un día. Como sucede con frecuencia, algunas personas empezaron a quejarse de cómo eran las cosas en el planeta que les servía de hogar. Se llamaron a sí mismos líderes, y se propusieron cambiar la vida en Arreit.
“Debería haber más orden. No me gustan los colores mezclados así. Hay demasiados colores.”
“Pero así es que siempre ha sido, y así ha de siempre ser.”
“No necesariamente. Tengo una idea. Hay siete colores básicos, ¿cierto?
“Sí. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.”
“Pues también hay siete días en una semana. ¿Qué tal si le asignamos un color a cada día de la semana? Los domingos todo será rojo. Los lunes todo será naranja, y así por el estilo.”
“¿Quieres decir que los colores tendrán que tomar turnos?”
“¡Exactamente! De esa manera todo lucirá más ordenado. Y será justo, pues cada color tendrá su día. Domingos rojos, lunes naranja, martes amarillos, miércoles verdes, jueves azules, viernes índigos, y sábados violetas.”
Y los líderes hicieron que cada día de la semana sólo hubiera un color.
Pero la vida en Arreit no era feliz. El sol naranja sólo podía brillar como un sol los lunes. Los cielos azules no podían ser sí mismos sino los jueves. Las selvas verdes sólo se sentían vivas los miércoles. Y los desiertos amarillos detestaban todo día menos los martes. Las flores, los animales, y la mayoría de la gente también se sentían infelices.
Así que un día un grupo de gente se juntó y se nombraron a sí mismos los nuevos líderes de Arreit.
“Esta idea del color del día no está funcionando. ¿Qué puede hacer feliz la vida en Arreit otra vez?”
“¡Ya lo sé! Tengo una idea novedosa. Existen siete colores básicos, ¿cierto?
“Sí. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.”
“Bueno, pues también hay siete continentes en el planeta Arreit. ¿Qué tal si le asignamos un color a cada uno de los continentes? Todo lo rojo irá a Norte Amerinente. Todo lo naranja vivirá en Sur Amerinente, y así por el estilo.”
“¿Quieres decir que clasificaremos los continentes por colores?”
“¡Exactamente! De esa manera todo será más ordenado. Cada cual será sí mismo todos los días, aunque solo en un continente. Los rojos en Norte Amerinente, los naranjas en Sur Amerinente, los amarillos en Asinente, los verdes en Antartinente, los azules en Euronente, los índigos en Australinente, y los violetas en Afrinente.”
Así que los nuevos líderes de Arreit dividieron a los habitantes según su color.
Mas la vida en Arreit aún era infeliz. El sol naranja tenía que permanecer en Sur Amerinente todo el tiempo, y todos en los otros continentes extrañaban su luz y calor. Los cielos azules sólo eran permitidos en Euronente. Las selvas verdes estaban confinadas al continente Antartinente. Y los desiertos amarillos no podían salir de Asinente. Las flores, los animales, y la mayoría de la gente también se sentían infelices.
Arreit estaba en dificultades. El planeta, antes colorido y vibrante ya no lo era. Sus habitantes ya no disfrutaban su hogar.
Fue entonces que los niños se dieron a escuchar.
“No es justo que todo lo del mismo color tenga que quedarse en un lugar,” dijo un niño.
“En verdad es aburrido así, y nadie es feliz,” añadió una niña.
“Pero los líderes lo hicieron así. Debe ser la mejor manera,” dijeron los adultos.
“Hay una manera mejor. Prueba tu comida favorita. Los sabores están mezclados, ¿no es así? Contestó un niño.
“Y escucha tu música predilecta. Las siete notas musicales se combinan para formar melodías,” dijo otra niña.
Mientras los niños hablaban, se formó un brillante arco iris que podía apreciarse por todos, desde todos los continentes de Arreit.
“Esta es la mejor manera. Tal como lo planeaban las fuerzas creadoras cuando diseñaron el arco iris. Todos los colores lado a lado. Todos los días de la semana. En todos los continentes de Arreit.” Dijeron a coro los niños y los adultos.
Y así lo hicieron. Los habitantes de Arreit nombraron a los niños sus verdaderos líderes. Y todos disfrutaron otra vez su hermoso y pintoresco planeta.
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